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PSICOLOGÍA DE LA BELLEZA

¿Qué importancia tiene el aspecto físico, la belleza y la cosmética en nuestros días? Parece innegable que hoy en día la belleza es un fin que la gran mayoría ansía. Ha dejado de ser cosa de mujeres, ya no se distingue sexo, edad, ni otras muchas variables personales pero, ¿qué hace que unas personas se preocupen más o menos por su aspecto físico? ¿qué factores desencadenantes, precipitantes y mantenedores condicionan esta preocupación? Existen personas que no parecen preocuparse por su imagen, mientras otras no pueden bajar a comprar el pan sin maquillarse ¿por qué ocurre esto? Aunque cada vez está más claro que mente y cuerpo se encuentran estrechamente relacionados, existe una tendencia a separar el cuidado de cada una de las partes. Pero, ¿y si cultivar el cuerpo y la mente, no estuviera tan separado como pensamos?

Efectivamente, la psique y el cuerpo se encuentran cada vez menos disociadas, pues constructos psicológicos como la personalidad o el conocimiento relacional implícito son factores con un papel fundamental en la belleza y la percepción de esta, pues determinan lo que mostramos, lo que ocultamos y cómo lo hacemos. Condicionan nuestros hábitos y costumbres, entre los cuales se encuentran los hábitos de salud y belleza.

Ahora, os planteo otra pregunta ¿crees que eres imparcial a la hora de juzgar a las personas por su apariencia física? Aunque a muchos les gusta pensar que juzgan a las personas por lo que son, nuestro cerebro, cuando vemos a una persona por la calle o cuando nos acaban de presentar a alguien, tarda apenas un instante en decidir si una persona nos gusta o no o si nos cae bien o no, y en esta decisión no está influenciada por otra cosa más que por la apariencia física. Obviamente lo que unos consideran bueno o malo, bonito o feo varía en función de muchas cosas, como la cultura o lo que ha podido observar y escuchar en su casa desde su más tierna infancia, pues se ha podido observar a través de diferentes experimentos que un bebe, ante la posibilidad de elegir, siempre se decanta por la persona más atractiva, de la misma manera que son capaces de encontrar a la madre y mostrar gestos de agrado cuando ven la cara de esta, por muchas caras bonitas que se les enseñe.

A las personas guapas se les atribuye mejores características de personalidad, que tienen buenas relaciones, son simpáticas, tienen muchos amigos… y demás características deseables. Esto es lo que se conoce como efecto halo.  Por supuesto, esa primera impresión puede cambiar en ocasiones, pues conocemos a una persona y descubrimos que es diferente de lo que habíamos juzgado a simple vista, o muchas veces conforme vamos conociendo a una persona, la vemos más guapa, he ahí el efecto de la personalidad sobre la percepción y el juicio del aspecto físico.

Por lo tanto, aunque juzgamos en base al aspecto físico en un primer momento, para poder modificar lo que los otros perciben no es importante solo lo que se ve, pues factores psicológicos juegan un importante papel tanto en nuestra apariencia, como también en nuestra salud, la psicosomática lo sabe bien. Lo que se ve está condicionado por aquello que escapa a los ojos.

Existe entonces una relación bidireccional en el que los factores orgánicos afectan a los psicológicos y viceversa. Como en el caso del órgano más grande del cuerpo humano, la piel, continuamente cambiante, que recubre al ser humano y revela como un libro abierto estados de ánimo, emociones o problemas de salud funcionando en muchas ocasiones como un sistema de alarma; pues, como afirmaba hace poco la revista Telva “La piel habla: el tono, la textura y  la forma del rostro son sus portavoces”. La piel refleja las emociones porque sus células son controladas y moduladas por el sistema nervioso cutáneo. Los sistemas nervioso, endocrino e inmune están estrechamente relacionados, existiendo entre ellos multitud de vías anatómicas y fisiológicas de interacción. Por este motivo, los factores psicológicos pueden afectar, a través de su influencia en el sistema inmunitario (psiconeuroinmunoligía), al pronóstico de muchas enfermedades (sobre todo enfermedades inmunológicas, endocrinas, infecciosas y oncológicas).

Existen síntomas somáticos, como urticaria, fiebres, dermatitis, eccemas, acné, y un largo etcétera que si bien no aparecen en épocas de estrés, ansiedad y demás afectos negativos, se agravan con estos. Muchas de las reacciones cutáneas (sudor excesivo, palidez, rojeces, urticaria, prurito…) delatan ansiedad, miedos, estrés, angustias, tensiones y otros trastornos psicológicos. Las imperfecciones de la piel, como las manchas, los lunares o las verrugas, desde el punto de vista psicológico, reflejan sentimiento de inadecuación y baja autoestima y la sudoración excesiva, ansiedad.

Pero no solo afecta al comienzo y desarrollo de trastornos en la piel sino también a la respuesta a los tratamientos. El doctor Ted Grossbart, especialista en esta materia del Centro Beth Israel Deaconess de Boston, afirmó en la revista ‘Harvard Women’s Health Watch’ que “La mayoría de las personas que visita a un especialista por problemas de piel tiene algún trastorno psicológico que puede afectar al modo en que responde a los tratamientos”.

El interés por esta relación ha dado lugar al nacimiento de la llamada psicodermatología, una especialidad que trata los problemas de la piel de origen psicológico en la que el dermatólogo será el profesional encargado de intentar resolver esta afección y así ayudar al paciente; y, en los casos en que sea preciso, debe remitir al paciente al psicólogo, quien tratará de ahondar en los factores psicológicos que puedan actuar como precipitantes y mantenedores de la alteración cutánea y solucionar el problema desde ambas vías simultáneamente.

 Retomando el tema de la personalidad del que hablaba al principio, me gustaría resaltar que un estudio realizado por el psicólogo Iris Nowacki, y enlazándolo con el asunto que estamos tratando acerca de lo que la piel dice de nosotros y de nuestro estado, ha confirmado que la piel de una persona revela datos sobre su biografía y su personalidad. La piel no solo dice cosas sobre nuestro estado sino también de nuestra personalidad.

En este estudio participaron más de ocho mil personas de ambos sexos entre 18 y 65 años y el análisis de los resultados, hizo posible distinguir los siguientes cinco tipos de personalidades según las características de la piel:

Personas de acción: son aquellas que hacen cosas, activas, realistas y centradas en la búsqueda de resultados; que emprenden con entusiasmo las situaciones nuevas y que les agrada influenciar a los demás. No suelen prestar demasiada atención a su piel, por lo general grasa y brillante, pero acostumbran cuidar su apariencia física. Les agrada que las toquen y este contacto lo relacionan con el sexo y el éxito. Su piel representa un aspecto importante de su autoestima.

Personas colaboradoras; de gran compromiso social, emocionales, espontáneas, intuitivas, con sentido del humor y sensibilidad; capaces de dar afecto y crear vínculos, que pueden disfrutar de la vida y enfrentar lo nuevo; que les importa el contacto sensorial y que consideran la piel como un órgano de comunicación para poder interactuar. Presentan piel sensible, irritable y predispuesta a sufrir reacciones alérgicas. Cuidar su piel las hace sentir más atractivas sexualmente.

Personas reflexivas; Son introvertidas, solitarias y prácticas. No les agrada relacionarse socialmente prefiriendo estar con gente cercana. No relacionan a la piel con las emociones ni con la personalidad porque para ellas su función es sólo biológica. Dicen tener piel normal y no importarles las huellas de la edad.

Personas moralistas; Fluctúan entre sus miedos y sus emociones; son introvertidas pero les gustaría ser más expresivas y ejercer influencia en los demás. Necesitan estar en equilibrio con su entorno y tratan de evitar la frustración. Sólo aceptan ser tocados por personas muy cercanas, no creen que la apariencia personal sea importante pero cuidan su piel. Tienen ojeras, piel seca o mixta, sensible, muy blanca y sin brillo.

Personas buscadoras; Buscan aprobación y reconocimiento, son instintivas y ambivalentes , observadoras más que hacedoras, tienen una piel poco saludable, con impurezas y puntos negros y no consideran que el contacto esté relacionado con las emociones.

Estas son las cinco personalidades básicas que distinguió la investigación realizada sobre la relación entre las características de la piel, la biografía y la personalidad (que no son las utilizadas como entidades diagnósticas).

Esta conclusión no es nueva, y confirma de nuevo lo que decíamos acerca de que la piel expresa estados emocionales específicos de distinta manera, por ejemplo cuando nos ruborizamos o empalidecemos, o cuando se nos pone la piel de gallina nuestra piel está expresando emociones distintas.

La piel marca la frontera entre el individuo y el medio, entre el yo y el otro. Es la muralla que protege al cuerpo y que nos individualiza como personas.

Espero que disfrutéis de esta semana y de ahora en adelante, ¡escucha a tu piel!

Laura Tormo